Israel: Ganar batallas, perder la guerra Mario Vargas Llosa

 

 

 

 

Israel: Ganar batallas, perder la guerra

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Publicado en Domingo, 10 Febrero 2013 08:40
Escrito por Mario Vargas Llosa

Cada vez que me gana el pesimismo sobre Israel y pienso que la derechización de su sociedad y sus gobiernos son irreversibles y seguirán empujando al país hacia una catástrofe que abrasará a todo Oriente Medio y acaso al mundo entero, algo ocurre que me devuelve la esperanza.
Esta vez han sido una conferencia de David Grossman y el estreno en Nueva York del documental «The Gatekeepers» (Los Guardianes), del director Dror Moré. Ambos testimonios prueban que todavía hay un margen de lucidez y sensatez en la opinión pública de Israel que no se deja arrollar por la marea extremista que encabezan la dirigencia de los asentamientos judíos en Cisjordania, los partidos religiosos y Binyamín Netanyahu.
David Grossman no es sólo un excelente novelista y ensayista; también una figura pública que defiende la negociación entre Israel y la Autoridad Palestina, la cree todavía posible y está convencido de que en el futuro ambos Estados pueden no sólo coexistir sino colaborar en pos del progreso y la paz en Oriente Medio.
Grossman habla despacio, con suavidad, y sus argumentos son rigurosos, sustentados en convicciones profundamente democráticas. Fue uno de los seguidores más activos del movimiento «Paz ahora», y ni siquiera su tragedia familiar – la pérdida de un hijo militar en la Segunda Guerra de Líbano – ha alterado su vocación y su militancia pacifistas.
Sus primeros libros incluían muchas entrevistas y relatos de sus conversaciones con los palestinos que a mí me sirvieron de brújula para entender en toda su complejidad las tensiones que recorren a la sociedad israelí desde el nacimiento de Israel. Su conmovedora intervención fue escuchada con unción religiosa por los centenares de personas que abarrotaban la sala.
El documental del cineasta israelí Dror Moré es fascinante y no me extraña que haya sido seleccionado entre los candidatos al Oscar en su género. Consiste en entrevistas a los seis ex directores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de Israel, es decir, los guardianes de su seguridad interna y externa, quienes, desde la fundación del país, en 1948, han combatido el terrorismo dentro y fuera del territorio israelí, decapitado múltiples conspiraciones de sus enemigos, liquidado a buen número de ellos en atentados espectaculares, y sometido a la población palestina de Cisjordania a un escrutinio sistemático y a menudo implacable.
Parece inconcebible que estas seis personas, tan íntimamente compenetradas con los secretos militares más delicados del Estado israelí, hablen con la franqueza y falta de miramientos con que lo hacen ante las cámaras de Dror Moré. Una prueba relevante de que la libertad de opinión y de crítica existe en Israel.
Moré ha explicado que, al pasar esta por la seguridad del Estado, ya que aludía a cuestiones militares, solo recibió dos ínfimas sugerencias, a las que accedió.
El Shin Bet ha sido muy eficaz impidiendo atentados contra los gobernantes israelíes tramados por terroristas islámicos, pero no pudo atajar el asesinato del primer ministro Itzjak Rabín, el gestor de los Acuerdos de de Oslo, por un fanático israelí. Eso sí, consiguió evitar el complot de un grupo terrorista de judíos ultra religiosos que se proponía dinamitar la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, lo que sin duda hubiera provocado en todo el mundo musulmán una reacción de incalculables consecuencias.
«Para combatir al terror hay que olvidarse de la moral», dice en el documental Avraham Shalom, quien debió renunciar al Shin Bet en 1986 por haber ordenado asesinar a dos palestinos que secuestraron un autobús. Anciano y enfermo, Shalom es uno de los más fríos y destemplados de los seis entrevistados a la hora de describir al Israel de nuestros días. «Nos hemos vuelto crueles», afirma. Y, también, que se ha perdido el idealismo y el optimismo que caracterizaba a los antiguos sionistas. Los gobiernos de ahora, según él, evitan tomar decisiones de largo aliento. «Ya no hay estrategia, sólo tácticas», señala.
Por su parte, Ami Ayalón, que dirigió el Shin Bet entre 1996 y 2000, lamenta que sus compatriotas no quieran ver ni oír lo que ocurre a su alrededor. «Cuando las cosas se ponen feas, dice, lo más fácil es cerrar los oídos y los ojos». La frase que más me impresionó en todo el documental la dice él mismo: «Ganamos todas las batallas, pero perdemos la guerra». Creo que no hay mejor definición de lo que puede ser el futuro de Israel si sus gobiernos no enmiendan la política de intransigencia y de fuerza que ha sido la suya desde el fracaso de las negociaciones con los palestinos de Camp David y Taba.
Contrariamente a lo que se esperaría de estos hombres duros, que han tomado decisiones dificilísimas, a veces sangrientas y feroces, en defensa de su país, ninguno de ellos defiende las posiciones de esa línea fanática y sectaria que encarna el movimiento de los asentamientos, empeñados en rehacer el Israel bíblico, o el partido del ex ministro de Exteriores de Netanyahu, Avigdor Liberman.
Aunque con matices, los seis, de manera muy explícita consideran que la ocupación de los territorios palestinos, la política de extender los asentamientos y la pura fuerza militar han fracasado y preludian, a la corta o a la larga, un desastre para Israel. Y que, por ello, este país necesita un gobierno con genuino liderazgo, capaz de retirarse de territorios como Ariel Sharón retiró a la población judía de la Franja de Gaza en 2005. Los seis son partidarios de reabrir las negociaciones con los palestinos.
Avraham Shalom, preguntado por Dror Moré si ese diálogo debería incluir a Hamás, responde: «También». Y apostilla, aunque sin ironía: «Trabajar en el Shin Bet nos vuelve realistas, ya lo ve».
Escuché al director de «The Gatekeepers» la noche del estreno de su película y las cosas sensatas y valientes que decía se parecían como dos gotas de agua a las que le había oído, unos días antes, de David Grossman. «¿Qué se puede hacer para que esa opinión pública que no quiere ver ni oír lo que ocurre, se vea obligada a hacerlo?», le preguntó una espectadora. La respuesta de Dror Moré fue: «El presidente Obama debe actuar».
Su razonamiento es simple y exacto. Estados Unidos es el único país en el planeta que tiene todavía influencia sobre Israel. No sólo por la importante ayuda económica y militar que le presta, sino porque, enfrentándose a veces al mundo entero, sigue apoyándolo en los organismos internacionales, vetando en el Consejo de Seguridad todas las resoluciones que lo afectan, y porque en la sociedad estadounidense las políticas más extremistas del gobierno israelí cuentan con poderosos partidarios.
Conscientes del desprestigio internacional que sus gobiernos le han ganado, de las amonestaciones y condenas frecuentes que recibe de Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos debido a la expansión de los asentamientos y su reticencia a abrir negociaciones serias con el Gobierno palestino, Israel se ha ido aislando cada vez más de la comunidad internacional y encerrándose en la paranoia y en un numantismo peligroso.
Sólo Estados Unidos puede convencer a Netanyahu de que reabra las negociaciones y acelere la constitución de un Estado palestino y de acuerdos que garanticen la seguridad y el futuro de Israel.
Grossman y Moré lo creen así y con constancia y valentía, en sus campos respectivos, obran para que ello se haga realidad.
Ojalá ellos y los israelíes que piensan todavía como ellos consigan su designio de diálogo y de paz. Tengo algunas dudas porque también en Estados Unidos hay muchísima gente que, cuando se trata de Israel, prefiere taparse las orejas y los ojos en vez de encarar la realidad.
Fuente: The New York Times Traducción: www.israelenlinea.com

Cuarenta años en Israel nada se hizo como yo quiero o como quise o quisiera, de todas maneras, no se cuando, el final sera tal cual. No hay alternativa. No dejo de manifestar mi temor por el futuro de Israel debido a la politica y degeneracion de los politiqueros de turno.  Hoy son 30 años del asesinato de Emil Grinzweig y el asesino sale en
libertad. Jamas ha manifestado haberse arrepentido. Los mismos discursos violentos hubo en 1995 cuando mataron
a Rabin. Y hoy? Peor en la cancha de Jerusalem habra miles de policias cuidando el orden por el encuentro
entre Betar y Sajnin. Lo que deberia ser una verdadera fiesta es una pesadilla para la sociedad normal.
Sociedad normal? Cuantos somos?
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Acerca de yossimay1949

uno mas que quiere dejar sellos
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